Terapia sin rutina,
llega la hora adecuada
de entregar mi boca
al psicoterapeuta sin turnos
y avasallarlo sin aviso
a las lindes abiertas de mi humedad.
Es el instante previo a la embriaguez
de un sabroso ímpetu,
el que entibia la lengua y la desfallece
ante la afrodisíaca seducción irresistible
del vino tinto.
llega la hora adecuada
de entregar mi boca
al psicoterapeuta sin turnos
y avasallarlo sin aviso
a las lindes abiertas de mi humedad.
Es el instante previo a la embriaguez
de un sabroso ímpetu,
el que entibia la lengua y la desfallece
ante la afrodisíaca seducción irresistible
del vino tinto.
30/08/2009
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